Santa Infancia 2013

lunes, 21 de enero de 2013


Con motivo de la celebración en nuestras Iglesias de la Santa Infancia, vienen a mi memoria recuerdos de este pasado verano por tierras africanas, donde la infancia lo tiene tan difícil en el contexto de la propia supervivencia y sin embargo no pierden nunca la sonrisa y la capacidad para el juego y la diversión.
Tampoco podré olvidar los esfuerzos de nuestros misioneros por aquellas gentes, pero en especial con los más pequeños y jóvenes. Sin lugar a duda, están preparando un futuro mejor para ellos, Dios lo permita pues tanta dedicación y fe no pueden caer en saco roto. En mi viaje a Zimbabwe este verano con dos compañeros sacerdotes, Isaac, misionero y delegado de misiones en Segovia y Emilio, párroco de Cuéllar, pude ser testigo del protagonismo activo de los niños en las celebraciones litúrgicas. 
Ellos con su participación dinamizan y dan un color muy especial a las comunidades cristianas: hacen concretamente lo que se espera de ellos, ni más ni menos. Ellos dan la cara e imagen de la iglesia africana, joven, radiante, comprometida, dinámica,..., iglesia de futuro. No solo asisten con entusiasmo a las celebraciones, en las que no paran de alabar a Dios, sino que además también se forman en las catequesis con verdadera atención y respeto. Son niños a los que se les quiere y se les busca en las familias, pero nada caprichosos en sus maneras y con gran respeto y admiración hacia sus abuelos, padres y mayores en general. Son chispas de felicidad y esperanza en un medio hostil y muy adverso; son un verdadero milagro de aquellas sociedades. Viven su fe en familia y en comunidad y tienen un gran cariño y admiración hacia los sacerdotes de sus comunidades (todavía recuerdo como nos miraban y abrazaban).


Son niños en estado puro, los niños de los que habla la propia escritura, algo que yo creía que no existía, pero que he llegado a ver con mis propios ojos, y es verdad. Nosotros podemos aprender mucho de ellos, su ilusión y apertura a la comunidad son dos aspectos en los que flojeamos por estos lares. Sin embargo ellos dependen también de nuestra solidaridad, y en esto sí que estamos a la altura, si podemos llegar a ellos. 
Como pude comprobar allí mismo, la ayuda de nuestras comunidades cristianas llega y se agradece mucho, es un aspecto que jamás podrán olvidar y que algún día, no muy lejano se tendrá en cuenta. 
Por eso me dirijo a vosotros, cristianos de la UPA Coca, para que colaboremos económicamente con estas comunidades y con estos niños y niñas africanos, en ellos pude ver mucho cielo, con alguna que otra nube amenazadora. 
Estamos a tiempo de responder a su llamada no te arrepentirás y la providencia de Dios para con nosotros se derramará abundantemente. Te saluda. Paco, tu sacerdote.

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