Nuestra experiencia en Zimbabwe

martes, 16 de octubre de 2012

Sabemos que el verano bien aprovechado da para mucho y que las oportunidades que se te presentan hay que aprovecharlas porque nunca sabes si volverás a tenerlas. Durante este verano pasado, del 30 de Julio al 14 de Agosto, he tenido la suerte de viajar a Zimbabwe, país africano. Lo he hecho con dos compañeros sacerdotes: Isaac Benito, cura de San Cristóbal de Segovia, y Francisco Jimeno, cura de la UPA Coca. La invitación para ir a Zimbabwe nos la hizo Isaac, que estuvo de misionero en Zimbabwe unos 23 años. La experiencia vivida allí ha sido enriquecedora a todos los niveles. 


Nada más llegar fuimos recibidos en el aeropuerto por D. Ángel Floro, natural de Albacete y obispo de la Diócesis de Gokwe, que nos acompañó durante la primera semana. De su mano pudimos participar en la entrega de premios al estudio en un colegio que tiene la Diócesis para más de 500 niños. La alegría, la simpatía, el silencio y el aguante “al sol” de esos niños me marcó gratamente. ¡Qué felices son con pocas cosas! En esos días visitamos varias misiones y a varios misioneros. Conocimos la gran tarea pastoral que se realiza allí en medio de la selva y de la pobreza. Destacar las escuelas y hospitales que tiene nuestra Iglesia Católica, financiados muchos de ellos por Manos Unidas, y que da servicio a gente de todas las religiones. Acompañados por Isaac, que hablaba la lengua nativa “Shona”, visitamos las comunidades rurales fundadas por él, celebramos con ellos la Eucaristía en varias ocasiones. Por cierto, fueron eucaristías de más de dos horas, pero que se hacían amenas debido a la participación de la gente, la música y el baile. Eucaristías a las que participaban gente de todas las edades, especialmente niños y jóvenes. Allí la gente no tenía prisa para ir a tomar el vermut. El Domingo es el día del Señor y día para compartirlo con la gente. Muchos recorrían más de 5 o 6 kilómetros andando para participar en la misa. Se veía que era una Iglesia joven en la que se daba mucha importancia a la formación cristiana (conocer y vivir la fe) y a la responsabilidad de los seglares y laicos. Cabe decir que cada comunidad sólo tenía Eucaristía cada mes y medio o dos meses, por eso la importancia de los seglares para dirigir la comunidad y celebrar la Palabra el domingo. 

La segunda semana la pasamos en otra Diócesis: Hwange. Allí nos acogió y acompañó el misionero segoviano José María del Barrio. Al que agradecemos su buena acogida. Era una zona más seca y más pobre. Fue una semana para visitar misiones y misioneros y disfrutar de la hermosa naturaleza de ese país: el lago Cariba, los animales salvajes del Parque nacional, los cocodrilos, los baobabs, las cataratas Victoria, etc... Si un obispo nos recibió, otro obispo nos despidió. Es el caso de D. Alberto Serrano, obispo de Hwange y natural de Zaragoza que nos alojó en su casa y nos llevó en su coche al aeropuerto. Muchas más cosas se podrían contar: las visitas a los poblados y a las familias, al barrio de pescadores, etc... Las dejaremos para otra oportunidad. Cuando uno visita o vive en estos lugares da mucho más valor a las cosas y a las personas. Con pocas y malas carreteras, sin agua potable, con cortes de electricidad, comiendo sólo una vez al día, recorriendo kilómetros para ir al colegio, etc....a pesar de eso la gente era feliz. Agradecer a todos los misioneros y a la gente de esas comunidades la buena acogida que nos dieron durante esos días. Que Dios les bendiga. Un saludo. 

Emilio Calvo Callejo (Sacerdote de la UPA Cuéllar)

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